EL MATÓN
Cuando era niño en mi clase había un matón. El matón tenía un secreto que yo sabía y que nadie más conocía. Vivía en el edificio de la casa de una tía lejana con la que coincidíamos a veces, dos o tres en todo el año, cuando la Mona de Pascua o en Navidades. Pero nunca habíamos ido a visitarla. Un año, ya avanzada la primaria, y con el matón cada día más matón, fuimos a ver a la tía, que por aquel entonces tenía mal a su madre. Dimos una vuelta por el barrio, y al entrar al edificio, mi tía saludó a Gabriel, el matón de la clase, que salía a toda velocidad. Qué casualidad. No me vio, y cuando subimos al ascensor mi tía le contó a mi madre que qué lastima, que el crío había salido un “abusón”, que había escuchado como una vecina había venido a decirle al padre que dejara de darle collejas a su hijo en los recreos, que lo tenía amedrentado. El chico amedrentado del que hablaban, también lo conocía, se llamaba Marquitos. Mi tía, ya en la casa, y bajando la voz, dijo que no le ex...